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Como antes lo fue para los navegantes portugueses, holandeses y franceses, hoy en día Senegal es una buena puerta de entrada en el África Occidental. Una oportunidad para conocer o profundizar en esta interesante y variada realidad que reúne todos los atractivos y contradicciones del occidente africano. En Senegal se nos muestra una sociedad de encuentro entre el sahel y el trópico, entre el Islam y el animismo: los poblados de adobe y paja rodeados de ceibas y baobabs, habitados por los pueblos badik, tanda y bassari; el verdor de los arrozales y los bosques sagrados en las tierras de los animistas diola; los pueblos y ciudades donde las etnias musulmanas (wòlofs, peuls, toucouleurs, maures...) disimulan, bajo tejanos y gorras de béisbol, las importantes cofradías religiosas; las aldeas de pescadores, playas y palmeras en los estuarios de la Casamance. Una ruta pensada para evitar las regiones donde ha empezado a asentarse el turismo masificado y los grandes complejos hoteleros y descubrir rincones sólo accesibles a pie o en vehículos de doble tracción. |